A los 16 me tuve que poner a trabajar con un irlandés que no hablaba nada de castellano. Así que tuve que aprender inglés en el trabajo para poder entenderme con él.
A los 20 pasé el proceso selectivo para entrar en la academia de la policía local. La última prueba fue la de inglés, saqué un 10 y por eso pude entrar.
A los 23, gracias a que ya era policía, pude ganar un sueldo decente y, con él, costearme un entrenador personal.
A los 24, ese entrenador montó un gimnasio y me ofreció trabajar con él. Dije que sí y dejé la policía local.
A los 27 me ofreció llevarlo yo solo. Dije que sí.
A los 29 monté mi propio centro y ya ahí comencé a trabajar como mentor.
Me suelo preguntar: ¿Y si ese irlandés hubiese hablado castellano? ¿Qué habría sido de mí?
Estate atento. Porque uno nunca sabe lo que le espera.
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FUERZA Y PAZ

