Intenta tener fe.
Verás lo difícil que es.
Soltar y confiar.
Quitarte la mochila de tus angustias y decirle a Dios:
«Confío en ti, te lo entrego, que sea lo que tú consideres».
Porque somos adictos a la preocupación.
Es nuestro gran vicio: el drama. Que es, por cierto, un tipo de vanidad.
Y la vanidad es y será siempre uno de los peores pecados.
Pruébalo.
Si lo consigues, tendrás un pedacito de cielo en la Tierra, en tu vida.
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FUERZA Y PAZ.
