De niño, en el cole, nos preguntaban mucho sobre lo que queríamos ser de mayores. No sobre qué tipo de personas queríamos llegar a ser, sino sobre qué profesión queríamos llegar a desempeñar.
Así como lo decían parecía que lo que una persona era y el trabajo que desarrollaba era una misma cosa. Eso ya me parecía algo desconcertante entonces.
Yo siempre decía lo mismo: quiero ser policía.
Pero la verdad es que lo decía porque era la única profesión que se no me parecía un coñazo. Sin embargo, lo más sincero sería decir que tampoco es que me hiciese una ilusión brutal.
Un día, habiéndonos hecho esa pregunta muchas veces a lo largo de los años, dije:
«Yo qué sé, profe. Quiero tener un trabajo en el que paguen bien y en el que esté más o menos contento. Que me dé tiempo para jugar. Que no me canse demasiado. Cualquiera en el que puedas estar así, supongo».
La profesora, tras un silencio total de dos segundos, se puso a reír a carcajadas. Me dijo: «¡no pides nada tú!».
Pues tampoco me pareció estar pidiendo tanto. El que se sentaba a mi lado acababa de decir que quería ser astronauta y una chica de la primera fila había dicho que quería ser modelo.
226/1000
FUERZA Y PAZ
***Sobre el trabajo escribí largo y tendido en mi primer libro «Nunca renuncies a ser feliz». Deberías leerlo, y más ahora que lo tienes a mitad de precio ↓

