«Por hacer lo que es justo, estoy dispuesto a que me partan la cara», eso me dijo una vez Sam. Y se la partieron, al menos simbólicamente.
Nunca vi a un tío más tranquilo que él después de eso.
Unos días después, le pregunté si le había valido la pena.
Me contestó:
—No se trata de si vale la pena o no, se trata de si hay que hacerlo o no. El castigo o el premio que haya detrás me importa un carajo.
Con dos cojones. El honor es para todos.
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FUERZA Y PAZ
