Sal a pasear un ratito al día.
En silencio.
Solo.
Sin auriculares.
Ni móvil.
Solo con las llaves de casa.
Sal, sin hora de vuelta.
Sal, y escúchate.
Deja que los pensamientos aparezcan.
Y obsérvalos.
Con calma. Sin miedo.
Sin pensar que tienes que hacer algo en concreto con ello.
Pero no pares de andar. Anda y respira con tranquilidad.
Verás qué gusto con el paso de los minutos.
Y al día siguiente, vuelve. Repite.
A esto se le llama «ponerse al día con uno mismo».
Y es uno de los mejores favores que puedes hacerte en esta vida.
Te lo prometo.
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FUERZA Y PAZ
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