Confío en Dios.
Y le entrego los problemas que no sé manejar.
Le digo, orando: «Padre, aunque sé que nunca me harías pasar por nada que no pudiese soportar, deja que me apoye un ratito en tu fuerte hombro. Deja que descanse un momento en ti. Mándame la fuerza que necesito para poder actuar como un hijo digno de ti. Dirígeme con tu mano poderosa y no apartes la vista de mí, por favor. Gracias».
Nunca me ha fallado.
Pruébala. Te la presto, encantado.
116/1000
FUERZA Y PAZ.
