—La felicidad está sobrevalorada, Joan.
—¿Por qué dices eso?
—Porque perseguir la felicidad te puede hacer muy infeliz.
—¿Entonces el dinero y el amor también están sobrevalorados? Porque mientras no los tienes y los buscas también te puedes sentir bastante mal, ¿no?
—Ya, bueno… quizá sí.
—¿Qué hacemos pues? ¿Renunciamos a todas las cosas buenas porque duele mucho no tenerlas? Entiendo tu lógica: si renuncio a la felicidad, no me sentiré mal por no ser feliz. Pero… ¿eso te hará más feliz o más infeliz?
—No lo sé, Joan… yo me siento mal por no ser feliz.
—Eso lo entiendo, pero no te sientes mal por el hecho de buscar la felicidad, sino por el hecho de no tenerla.
—¿Qué me propones entonces?
—Que inicies un mejor camino hacia la felicidad. Uno que ya te dé mucho por el simple hecho de andarlo. El correcto camino ya es bueno de por sí. Quizá tengas que replantearte cómo has buscado hacerte feliz hasta ahora. Yo solo te puedo decir que no lo dejes, que no renuncies a la felicidad. Sería una locura hacerlo.
Conversación real con un cliente.
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FUERZA Y PAZ.
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