No te puedes rendir con las cosas que merecen la pena.
Quizá ese sea el verdadero problema: que te faltan más cosas de este tipo.
Porque cuando uno lucha por algo que merece la pena, incluso lo más duro llega a resultar soportable.
Ayer lo pensaba: «¿Qué sería capaz de hacer por mis hijos?». Lo estuve meditando largo rato. Y la respuesta final fue que sería capaz de hacer muchas más cosas de las que sería capaz de hacer por mí mismo.
Por eso siempre digo que hay que tener, al menos, una cosa muy importante por la que luchar. Algo tan grande que por sí mismo procure el movimiento y el esfuerzo.
A esto me refería en mi último libro con lo de que es mucho mejor tener grandes motivos que una gran motivación.
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FUERZA Y PAZ.

