Decía San Anselmo:
«No busco entender para poder creer, sino que creo para poder entender».
Un creyente sabe bien a lo que se refiere. Un no-creyente, aún no.
Yo mismo me he visto creyendo en cosas que no entendía antes de creer… y que creía no poder llegar a entender nunca.
¿Cómo puede ser esto?, te preguntarás. Pero la cuestión es que ya sabes cómo.
Porque, por ejemplo: ¿no te preguntabas cuando eras pequeño, como hacía yo, por qué las personas hacían lo que hacían cuando estaban enamoradas?
Yo las observaba y no lo entendía. Y solo las entendí cuando, por primera vez, supe lo que era estar enamorado.
Lo decía un personaje de una película sobre la Navidad de los noventa: «ver no es creer, creer es ver».
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FUERZA Y PAZ.
