Esta mañana me estaba tomando el café en el jardín. Hacía frío y viento, pero merecía la pena tomarlo así. De repente un mirlo se ha posado en el muro que cierra mi jardín, y ha estado un buen rato ahí. El viento le despeinaba las plumas y juraría que lo he visto tiritar. Pero no parecía importarle. Supongo que, al igual que yo, le valía la pena tomarlo así.
Ha sido genial poder verlo.
La vida está llena de cosas pequeñas. De hecho, no es difícil ver que hay muchas más cosas pequeñas que grandes. Puede que ahí esté la gracia. O la grandeza de la vida.
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FUERZA Y PAZ.
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