Dice la regla nº12 de mi último libro «Las 48 reglas de la disciplina» que «la disciplina es una amiga agradecida».
Y creo al 100% que es así.
En la vida intentamos muchas cosas que, en el fondo, no sabemos si nos traerán algún tipo de recompensa en el futuro. Eso, con la disciplina, no pasa. La disciplina siempre trae recompensa. Y la trae en forma de avance en lo que se refiere a conseguir aquello que nos proponemos o la trae en forma de una mejora interior en cuanto a la autoconfianza, autoestima y autopercepción. O ambas a la vez, claro.
Como lo llaman ahora: esto es un win-win de manual.
Ser disciplinado resulta rentable en exceso.
Y si me permites mi opinión personal… no trabajar la disciplina es una auténtica locura y una puñetera irresponsabilidad.
¿Estás obligado a convertirte en una persona disciplinada?
No, claro que no.
Pero quizá deberías tomártelo como una obligación… por tu bien. Por tu futuro y por el de los tuyos.
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FUERZA Y PAZ.
Pd: y, encima, resulta que no es tan difícil empezar a ser más disciplinado. Y si no te lo crees lee mi libro del que te hablo en este post:

