Un día ya no habrá margen para el riesgo.
Habrás envejecido. Habrás perdido una parte importante de tu energía.
Ya no podrás hacer planes a largo plazo, solo a medio.
Ese terreno es peligroso, porque podrías decir algo como «¿para qué ahora ya? Se pasó el momento».
El mejor momento para asumir riesgos es cuando aún se es decentemente joven, cuando queda margen para hacer dos o tres reintentos serios.
La postergación es una renuncia en diferido.
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FUERZA Y PAZ

