Hoy cumplo 41 años y quiero compartir con vosotros la lección más importante que he aprendido a lo largo de los 40:
Cuando tienes algo claro, no vale la pena esperar.
Decía el gran John Bunyan que el diablo usa la duda como una herramienta para tambalear a las personas. Estoy de acuerdo.
¿Cuántas veces tienes algo claro como el agua clara, algo en lo que piensas mucho y cuanto más piensas más claro lo ves, y aún así dudas y dudas tanto que al final terminas por no dar el paso?
¿Por qué dudas? Si lo tienes claro y lo has pensado debidamente, ¿para qué esperar? Dale, p’alante. Con todo y a por todas.
A los 40 me fui a trabajar a casa. Espero que para siempre. ¿Y sabes qué fue lo primero que pensé tras mi primera jornada de trabajo aquí? Pensé:
¿Por qué he esperado tanto?
Y sí, sé que es mejor tarde que nunca, por supuesto, pero… caray, podría haberlo hecho antes. ¿Por qué entonces no lo hice? Quizá por precaución, preocupación, no lo sé. Bueno, sí lo sé: por esas dudas del demonio. Porque en el fondo lo tenía claro, clarísimo. Pero no me volverá a pasar nunca más.
Si lo ves claro, lo tienes claro y lo has pensado bien… no esperes. Hazme caso.
Por cierto: gracias a todos por la compañía y gracias a Dios por las fuerzas.
25/1000
FUERZA Y PAZ.

