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Haz las cosas bien, tío.

Tuve una época, de chaval, muy descontrolada.

Solía andar metido en jaleos con las chicas y de peleas con los chicos.

En el instituto me saltaba muchas clases y hacía alguna que otra perrería grosera.

Un día, mi profesor favorito me llamó al orden. Esa misma semana la había liado de tantas formas distintas que entré a la reunión con él intentando adivinar por cuál de ellas me iba a echar la bronca.

La cosa fue muy distinta. Y breve.

Me miró a los ojos como creo que nadie me había mirado nunca en toda mi vida.
Guardó silencio unos segundos mientras mascaba chicle y me dijo:

—Joan. Haz las cosas bien, tío. Ya está bien.

Y me mandó salir.

Me fui de ahí hecho polvo.

Fueron sólo unos segundos de reunión pero hizo el diagnóstico más perfecto posible: haz las cosas bien. Nada más.

Porque venía haciendo las cosas muy mal.

No puedo decir que cambiase al 100% pero sí cambié lo suficiente como para no hundirme la vida.

Haz las cosas bien, tío.

22/1000


Publicado enEl Blog de Joan.