¿Harías trampas si pudieras y no te fuesen a pillar nunca?
Esta fue la pregunta que más me impactó de chaval.
Me la hizo una profesora de lengua.
Me lo pensé un momento, y le dije:
—¿Hacer trampas para conseguir qué?
Ella me miró, callada, y me respondió:
—¿Qué más da?
Le contesté:
—Mucho. Hacer trampas para sacar un 9 en un examen no creo que merezca la pena. Hacer trampas para salvarle la vida a una madre, sí.
Ella, visiblemente frustrada, me contestó:
—No has entendido la pregunta. Déjalo.
Era más bien al contrario: la había entendido demasiado bien. Desde entonces, la ética se convirtió en uno de los temas a los que más tiempo le dediqué. Me impactó observar cuántas cosas parecían correctas si pensabas un poco y cómo, al pensar un poco más en ellas, comenzaban a parecer incorrectas. Y viceversa.
Vale la pena pensar un poco más. Pensar largo, amplio y despacio.
Sobre todo con las cosas importantes.
115/1000
FUERZA Y PAZ.
PD: Si te ha gustado este post, mi newsletter semanal te encantaría. Apúntate gratis aquí: https://joangallardo.es/newsletter/
