Una de las habilidades más infravaloradas que hay es la de aprender a no preocuparse más de lo debido por las cosas que nos suceden.
Tenemos, de alguna forma, el termostato averiado. Todo nos es de una importancia o de una urgencia brutal. Y, siendo así, pues claro: la angustia y la ansiedad tienen que aparecer.
La verdad es esta: no hay tantas cosas importantes. La gran mayoría, no lo son. Por lo tanto, no hay necesidad de ir pasándolo tan mal por cualquier cosa que aparezca en nuestro camino.
La próxima vez que te suceda algo, repítete: «esto es, como poco, la mitad de importante de lo que me pienso». Pruébalo.
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FUERZA Y PAZ

