Es más peligroso sobrevalorarse que infravalorarse.
Y de ahí no me baja nadie.
Ahora bien, ¿por qué tiene que ser una cosa o la otra?
¿Por qué no puede uno valorarse debidamente?
Entonces, la pregunta debería ser:
¿Cómo puedo valorarme como toca?
Y la respuesta, aunque no fácil, sí es bastante sencilla:
Haz una valoración de ti mismo sin decirte ni una sola mentira.
Argumenta como si llevases enchufada la mejor máquina de la verdad del mundo.
O como si estuvieses contándoselo a Dios.
Así se hace.
Pruébalo.
Te compensa, porque estamos en la época en la que más se sobrevalora la gente y, por eso, en la época donde más gente se da de bruces, constantemente, contra el muro de la realidad, que es la vida misma.
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FUERZA Y PAZ
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