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El Trivial Pursuit

Uno de los mejores regalos que recibí de parte de los Reyes Magos fue un Trivial Pursuit. El clásico. El viejo. El que te preguntaba por la capital de Checoslovaquia y por la moneda oficial de Yugoslavia.

Me hizo una ilusión tremenda. Pero a mi familia no le motivó tanto como a mí y no pasamos de un par de partidas. Yo, decidido a sacar partido del juego, me dediqué a estudiar las tarjetas donde venían las preguntas y las respuestas. Jugaba a ver cuántas acertaba en tandas de veinte. Me entretenía mucho viendo cómo podía batir mi récord personal de preguntas sin fallar. No tarde demasiado en aprenderme casi todas las tarjetas de memoria. Las 800, con 6 preguntas por tarjeta. Es decir: 800 x 6 = 4800 preguntas y sus respectivas respuestas. Quizá fallaba una o dos de cada cien, no más.

Un día, vinieron unos amigos de mis padres a cenar y, en plena sobremesa, pidieron algún juego de mesa. Y, claro, solo teníamos el Trivial. Mi padre me dijo si quería jugar y yo dije que sí, claro. Los barrí. Los invitados no salían de su asombro. Yo les expliqué que las había estado estudiando y que no tenía mucho mérito. Ese dato no hizo que aquello les pareciese menos sorprendente. Yo tenía nueve o diez años, quizá fue eso.

Cuando se marcharon yo me fui a dormir. En la cama, pensé: «Vaya, no es tan difícil saber más sobre algunas cosas que algunos adultos.» Te sonará petulante pero es así: no es demasiado complicado saber más sobre un tema dado que la mayoría de las personas. Quizá no te hagas una idea de lo realmente sencillo que es convertirse en un experto sobre un campo concreto. Tengo un amigo que sabe más que nadie sobre la NBA de mediados y finales de los noventa. Es una locura, te dice la plantilla completa de los Clippers del 97, lo que medían los jugadores y sus promedios de puntos, rebotes, minutos, asistencias y tapones. Sin pestañear. ¿Qué hizo? Estudiárselo a través de la Wikipedia y los videojuegos. Le provocaba placer leer esas cosas. La cuestión es que no puede sacar mucho de ese conocimiento, pero… ¿y si hubiese decidido de antemano donde poner ese estudio? Podría haber aprendido algo mucho más valioso, que le hubiese ayudado a encontrar un trabajo mejor con unos ingresos mejores, por ejemplo.

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FUERZA & PAZ


***Esto, claro, con disciplina es mucho más sencillo. Por si te falta, aquí tienes mi libro sobre la disciplina: «Las 48 reglas de la disciplina».

Publicado enEl Blog de Joan.

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