El éxito nunca es casual.
Siempre es causal.
Puedo maldecir a la suerte y enfadarme con Dios, pero llegado el momento tendré que aceptar que nadie llega al éxito por accidente.
Tendré que asumir que todos los que ya han llegado donde yo quiero llegar, de alguna manera… lo han hecho poniendo un pie, cada vez, delante del otro.
A nadie le sorprende su propio éxito.
CAUSA → EFECTO.
CAUSA → EFECTO → ÉXITO.
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FUERZA Y PAZ.
