El dolor del cambio pasará, pero el cambio quedará.
Esto publiqué ayer en mi cuenta de Instagram.
Y creo que es un pensamiento importante. Necesario más bien.
Porque el dolor que intuimos en un proceso de cambio es el primer motivo para no llevarlo a cabo. Y es un pena. Sacrificamos un cambio a mejor para el resto de nuestra vida por evitar un tiempo limitado de dolor y sufrimiento.
No es lógico ni razonable. Pero lo hacemos.
Hay que ponerlo en una balanza. Y entonces, pensar: ¿me compensa este dolor por ese cambio? Y si la respuesta es que sí, hay que lanzarse, sufrir, y finalmente… vencer.
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FUERZA Y PAZ.
Pd: y esto, también es disciplina. Tienes más como esto en mi nuevo libro «Las 48 reglas de la disciplina«.
