Si estás agotado físicamente, descansa. Duerme más.
Acuéstate antes. Haz una buena siesta.
Pero si estás agotado por dentro, ponte a hacer cosas que te guste hacer.
Aunque sea montar legos, hacer macramé, sudokus, sopas de letras o jugar a videojuegos.
Pero hazlo sin culpabilidad, porque la culpabilidad agota mucho el alma.
La siesta del alma es la risa, la alegría, la despreocupación, la calma, la contemplación, jugar.
Mira los niños, como solo conocen el cansancio físico.
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FUERZA Y PAZ
