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Dios, el insomnio y el miedo a la muerte.

«Recordé que sólo vivía en los momentos en que creía en Dios», escribió Tolstói en su obra Confesión, uno de los libros más importantes de mi vida.

Cuando leí este fragmento por primera vez me acordé de cuando tenía unos 17 años y no podía dormir obsesionado con la idea de la muerte. Recuerdo que sólo lograba cerrar los ojos cuando me acordaba de Dios. Hacía así mis primeros esfuerzos de fe serios. Y funcionaba. La ansiedad desaparecía de golpe cuando me refugiaba en Dios.

Luego, durante el día, me preguntaba si en el fondo me estaba engañando. Pero por la noche, cuando la angustia aparecía, volvía a buscar a Dios. Y Él siempre estaba ahí, con una dosis suficiente de paz y sosiego para mí. Nunca me falló.

Con el tiempo me preguntaba: «si no es real, ¿por qué funciona como si lo fuese?».

No es el mejor argumento teológico de la historia pero a mí me sirvió, no sólo para dormir por las noches, sino también para acercarme un poco más a Dios. No sabía muchas cosas entonces pero sí tenía clara una cosa: que aquello no era mi imaginación, yo no era capaz de conseguir esas cosas.

14/1000

FUERZA Y PAZ.


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Publicado enEl Blog de Joan.

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