Si quisiese ser más fuerte comenzaría por dejar de quejarme.
Dejaría de poner excusas.
Huiría de la pereza como de la peste.
Abrazaría con dignidad el dolor y el sufrimiento que me tocase vivir.
Me haría cargo de mi vida.
También me haría cargo de las consecuencias de mis actos y decisiones.
Dejaría de culpar a los demás por las cosas que me suceden.
Sería valiente con mis elecciones y apechugaría con ellas.
No evitaría algo solo porque fuese difícil.
Y, por supuesto, me apoyaría constantemente en Dios.
Así que, si estás pensando en que te vendría bien ser una persona más fuerte, ya tienes por donde comenzar.
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FUERZA Y PAZ

