Conversación con una clienta justo ayer por la mañana:
—Joan, ¿tú tienes algún sueño aún?
—Oh sí, muchos.
—¿De verdad?
—Claro.
—¿Me los puedes decir o son secretos?
—Claro que te los puedo decir. Pues mira, sueño con vivir en el campo, con poder dedicarme a la escritura casi a tiempo completo, sueño con tener un rebaño de ovejas y dos perros ovejeros, sueño con tener nietos, sueño con ver a mis hijos siendo adultos y felices, sueño con tener más tiempo libre, con poder dar paseos por el monte que duren horas, sueño con cortar leña a diario con un hacha, sueño con visitar Jerusalén y el Parque Nacional de las Secuoyas, también con visitar Japón, con poder leer todos los grandes clásicos de la literatura, sueño también con poder ver una aurora boreal alguna vez, sueño también…
—¡Vale vale, madre mía Joan!
—¡Ja, ja, ja, tú lo has preguntado!
—Ya, ya… pero no me esperaba algo así… alucino, vamos. ¿Y crees que podrás cumplirlos todos?
—Pues… ¡supongo que no!
—¿Entonces?
—¿Entonces qué?
—¿No te da pena?
—No, es peor no tener sueños por cumplir que sueños sin cumplir. En el peor de los casos, habré tenido la ilusión, que para mí, al menos, ya es mucho.
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FUERZA Y PAZ.

