Tengo un cliente que podría enterrarme con su dinero.
Y no te conozco pero probablemente también podría enterrarte a ti.
¿Y sabes cómo es su vida?
Pues muy parecida a la de cualquiera.
Se levanta temprano, desayuna unas gachas de avena.
Se marcha a trabajar a su empresa a las 7,30h en su Fiat500, que usa para poder aparcar más fácil.
Vuelve a casa a las 15,30h después de, por norma, comerse un buen atasco de tráfico.
Come con su mujer y sus hijos.
Descansa un rato en el sofá, puede que llegue a hacer una siesta.
Luego lleva a los niños a sus actividades extraescolares y, mientras ellos están ahí, va al gimnasio.
Cuando sale, los recoge y vuelven a casa.
Mientras los niños terminan sus deberes, él y su mujer apañan la cena.
Cenan.
Luego ven juntos una serie de Netflix y se van todos a dormir a eso de las diez.
Tiene sus conflictos en el trabajo, como todos.
Sus crisis de pareja, como todos.
Sus problemas de autoestima, como todos.
Sus preocupaciones, como todos.
Le preocupa su salud, como a todos.
El futuro de sus hijos, como a todos.
Su felicidad, como a todos.
La muerte, como a todos.
Incluso le preocupa su dinero, como a todos.
Te lo digo por si eres de los que cree que si tuvieses mucho más dinero tu vida sería radicalmente distinta.
Como un día me dijo:
—Te daría la mitad de lo que tengo para que me transfirieses tu felicidad y tu paz.
A lo que yo le respondí:
—No te la transferiría ni por el doble de lo que tienes, querido.
422/1000
FUERZA Y PAZ



