Por esos entrenos que al terminar te sientas y no te levantarías hasta la semana siguiente.
Me están saliendo canas en la foto del DNI.
Si realmente queremos curarnos de nuestros males, ya sean físicos o mentales, debemos recurrir al perdón. Pero antes debemos diferenciar entre el perdón dual y el no dual. El perdón dual es aquel que atribuye valor y realidad a la ofensa, por lo tanto, el ego considera que se le pide un sacrificio. Llegamos a pensar que perdonamos porque somos buenos. Luego también está el famoso trabajo sobre el perdón, que puede llevar años, porque seguimos proyectando la culpa al exterior y el perdón parece un sacrificio. La cuestión es que hay dificultad en el proceso.
A veces son conferencias, a veces vídeos motivacionales, a veces películas y otras son canciones. Que te remueven desde lo más profundo de tu ser y te recuerdan, aunque sean por un ratito, que no hay nada como el amor. Que no merece la pena pasar tanto tiempo cabreado con el mundo y la vida. Que la vida es sensible, pero fuerte. Fuertemente sensible.
Esta es una de esas canciones: Bright eyes y su precioso «First day of my life». Está bastante bien subtitulada y traducida. Espero que os guste y os ablande un poco, que bastante falta hace.
Veía ante mí a todos los hombres que han vivido una ruptura fusionados en un metro y ochenta centímetros de estatura y setenta y cinco kilos de peso. Todos los clichés y frases enlatadas tomaban forma. Yo mismo me veía en otros momentos de mi vida hablando como él. Hasta con su misma cara.
Por eso pude decirle «Te sientes así porque es normal, como será normal que dentro de poco te sientas mejor, como será normal que algún día en el futuro pienses que te parecía imposible sentirte así de mal en algún momento de tu vida». Le sugerí que se imaginara dentro de 10 años, sólo o con una mujer que desee estar con él, quizás con dos hijos, sentado en la playa mirando el mar. «¿Vas a estar pensando en ella en ese momento?», le pregunté.
Sonrió a la vez que respondió: «No creo, ya se me habrá pasado, ¿no?». Le respondí que quizás, pero que el simple hecho de imaginarse a sí mismo como alguien liberado del dolor ya le había hecho sonreír.
«David, durante un tiempo te vas a sentir así, o incluso peor. De hecho necesitas este dolor ahora, pero no mucho más tiempo. Dentro de poco, de muy poco, vas a ser capaz de agradecer los buenos momentos vividos con ella. Vas a poder mirar fijamente los retratos bonitos que surgieron de esta relación y sólo sentirás gratitud. Nada más, ni añoranza ni melancolía. Sólo gratitud por poder haber vivido algo así. Te vas a sentir magnificente al entender que en esos momentos pasados, que fueron el tiempo presente de otro tiempo, alguien quiso estar contigo y tú quisiste estar con alguien. Vas a respirar muy aliviado cuando no sientas odio ni enfado hacia ella, la vas a perdonar y te vas a perdonar por haber soportado tanto rencor dentro. La vas a liberar de ti, te vas a liberar de ella, liberaréis la relación dejándola inmaculada como fue hasta que terminó y al fin, serás libre».
No atinaba a decir nada, sólo lloraba y hasta moqueaba.
«Siéntelo David, siente como ese dolor ya retrocede. Ya estás cediendo, suéltalo. Perdona y libérate».
Por este orden sucedió una mirada abstracta por la ventana, un suspiro de alivio y tensión liberada, un abrazo por encima de la mesa del despacho, un gracias, una sonrisa de media mejilla y un partir gatuno por la puerta.
La última vez que lo vi estaba mejor, sonrisa de dos mejillas, pulgar en alto y entrenamiento de los de antes.
Gracias.
No sabes cómo me alegro cuando me despierto en mitad de la noche y veo que asoma un atisbo de luz por la ventana.
Noto a la fuente diciendo «Venga Joan, arriba»
Y simplemente me entrego.
No siempre me sentí así pero te juro que nunca me he sentido tan grande.
Y sabes cómo he llegado aquí?
Dándome cuenta.
Decidiéndolo.
· ¿Cómo podemos soltar la negatividad tal como sugieres?
Soltándola. ¿Cómo sueltas un trozo de carbón ardiente que te quema en la mano? ¿Cómo sueltas un equipaje pesado e inservible que estás llevando? Reconociendo que no quieres sufrir el dolor ni seguir llevando la carga, y después dejándola caer.
La inconsciencia profunda, como el cuerpo-dolor o cualquier otro dolor profundo, como la pérdida de un ser querido, generalmente ha de ser transmutada mediante la aceptación, combinada con la luz de tu presencia (tu atención mantenida). Por otra parte hay muchas pautas de inconsciencia ordinaria que puedes soltar cuando te das cuenta de que ya no las necesitas, cuando te das cuenta de que puedes elegir, de que no eres tan sólo un amasijo de reflejos condicionados. Todo esto requiere tener acceso al poder del ahora. Sin él no tienes elección.
No me digas que no se puede.
Dime que costará.
Que es difícil.
Que no tengo el don.
Que no tengo a nadie que me enseñe.
Que no tengo ni sitio para ello.
Que nunca ganaré nada.
Que me haré daño.
Que no me saldrá.
Que estoy loco.
Hasta que estoy flipado.
Pero NUNCA NUNCA NUNCA
ME DIGAS
QUE NO SE PUEDE.
Un corazón roto transforma un rostro. Yo le llamo la cara del corazón en pedazos.
Se distingue perfectamente. Un cruce de cara de cansancio, de mal dormir o de no dormir en absoluto, ojos rojizos, mirada perdida, cabeza gacha, voz baja y cabellos descuidados. Quien no haya portado esa cara alguna vez simplemente nació sin corazón. Por eso nunca se le rompió.
David entró con esa cara en el despacho. Hacía semanas que me contaba que algo no iba bien y tenía miedo. No quería que su mujer lo abandonara. Se lo temía, sabiendo inconscientemente que sentir y vivir de hecho el miedo es el primer paso para verlo convertido en realidad.
Dicho y hecho. «Ayer se fue», dijo sin dejar de mirar el suelo.
Sabía que no fue una ruptura desencadenada por suceso alguno, ni infidelidades, ni discusiones ni nada por el estilo. Quizás sea una de las mejores peores formas de terminar: por abandono. Sin apenas ruido. Sin guitarras rotas en el escenario ni peinetas al público mientras te marchas como sólo una estrella del rock sabe hacer.
David se sentía sin respuestas. Pronto supe que no es que no tuviera las respuestas, sino que no tenía las que él quería. En las rupturas demasiadas veces pedimos explicaciones para poder trazar un plan de batalla que nos deje recuperar el territorio perdido. Pero lo mejor es siempre aceptar el color principal del lienzo. «No te han abandonado a ti, ella sólo ha abandonado la relación».
David repitió varias veces en menos de 10 minutos que ella era la mujer de su vida. En presente del indicativo.
Cinco minutos después su rabia y dolor aparecieron y ya hablaba sobre «lo cruel que es» y que «no se merecía esa puñalada».
CONTINUARÁ…
(NO TE PIERDAS LA SEGUNDA PARTE)
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Siempre que tuve que terminar una relación pasé demasiado tiempo pensando en «la otra persona». Hasta que me di cuenta de que esa «otra persona» no existía en realidad. Ese concepto pertenece al «ser» adicional que se forma de cara a la sociedad cuando dos personas deciden unirse.
En una relación existen 3 entes: 2 seres humanos y el monstruo llamado «pareja» que vive sujeto por los estándares y opinión de la sociedad.
El qué dirán, los años juntos, los hijos, las familias y toda la retahíla de sub-productos del miedo que la sociedad dicta son, sin duda, la primera cárcel de la libertad de las personas.
Miguel entró triste un día en mi despacho. No era común en él. Le pregunté si le había pasado algo o si simplemente tenía el típico mal día. Me dijo, como todo el mundo dice, que no le ocurría nada.
Le pedí que habláramos de ese nada.
«No sé ni por dónde comenzar». Le sugerí que comenzáramos por lo que estaba pensando cuando entró por la puerta. «Tengo 37 años y estoy sólo», dijo.
No me sorprendía demasiado que lo estuviera. Se había configurado una vida donde era imposible dar cabida a una pareja. Era como si, por culpa de su vacío interior, hubiera rellenado cada hueco de su tiempo libre en otras ocupaciones y trabajos. Simplemente intentó llenar espacios vacíos para entretener su mente y espíritu. Precisamente así fue cómo su mente y espíritu quedaron sin espacio para reunir las cosas que realmente necesitaban.
No me caracterizo por hablar con miedo ni por callarme. Le dije que si yo me enamorara de él, desistiría por pura agenda. Pensaría que no tendría tiempo para mí. No tendríamos cafés ni cenas. Mucho menos cines y paseos.
Hacía años que no tenía una pareja estable, justo el tiempo que utilizaba en acribillar el mismo tiempo con entretenimientos. Es difícil mirar fijamente lo que descubres que te mira desde hace más tiempo y con más fijación.
«Nunca vas a poder atraer lo que tú mismo estás ahuyentando». Acababa de dar una estocada. Justo donde duele. Justo donde aprendes.
Un día apareció en mi despacho una carta de excedencia de uno de sus empleos. Era el inicio de la creación del espacio, de la liberación del tiempo. Y así como es la vida no tardaría mucho en llenarlo. Justo con lo que más deseaba. Una pareja. Lo supe en cuanto descubrí un nuevo tipo de sonrisa nunca antes visto en él una mañana cualquiera.
Y fue el momento de una de mis frases más repetidas a lo largo de mi vida: «lo sabía».
Nunca seas el verdugo y la víctima a la vez de tu propia vida. Libera espacio, libera tiempo y deja que todo llegue.
Cuando sientas un vacío en tu interior que sólo parece llenarse con infelicidad no busques soluciones ni entretenimientos. Sincérate y encuentra el miedo que carcome tu luz.
La luz que irradia el amor con el que llegaste a este plano de la existencia. Tú, un milagro único e irrepetible, debes convertirte en un ser liberado del miedo. Afina tu búsqueda, está dentro.
Despierta.