Esta mañana he escuchado la entrevista que Diary of a Ceo le ha hecho recientemente al gran John C. Lennox sobre Dios y la fe. Te la recomiendo encarecidamente.
En un momento dado, han hablado del mal natural, poniendo de ejemplo a un niño pequeño que muere por culpa de una enfermedad parasitaria. El entrevistador, Steven Bartlett, le ha dicho a Lennox que si él fuese a Dios, su piedad con el niño le habría hecho intervenir para salvarlo. ¿Quién no pensaría como él, verdad? Muy preocupante sería que no sintiésemos eso.
Ahora bien, ¿sabemos cómo piensa Dios sobre estas cosas? ¿Podemos entender la magnitud y profundidad de su propia mente? ¿Creemos, en el fondo, que nuestra capacidad para sentir piedad (que debe provenir de él) es mayor que la suya?
¿Qué he pensado yo? Se me ha ocurrido un ejemplo, que puede que te ayude:
Imagina a dos niños, siendo uno de ellos… Peter Pan. Ambos juegan a piratas o a cualquier otro juego de niños, no importa, elige tú, el que más te gustase a ti de niño. Ahora imagina que el otro niño descubre que un día será adulto, porque se lo acaba de decir su padre. Este va corriendo a contárselo a Peter Pan, que escucha asombrado y aterrorizado por lo que el otro le cuenta sobre la adultez, sobre el trabajo, los compromisos, las responsabilidades y demás. Tras escucharlo, Peter Pan le dice:
—No lo permitiré, te llevaré al País de Nunca Jamás, para que siempre seas un niño. Mi piedad no me permitiría consentir que te convirtieses en un adulto.
Lo que hay que resolver, en realidad, es si es mejor ser un niño que un adulto. O, mejor dicho: si es mejor ser un niño siempre y no llegar a ser adulto nunca. A mí me gustó mucho ser niño, pero también me ha encantado ser un adulto. He disfrutado de cosas que, obviamente, no se pueden ni entender siendo un niño.
¿Cómo sabe, habiendo dicho esto, Steven Bartlett, que lo mejor, en ese caso concreto, era curar al niño? ¿Cómo sabe él que el niño no estará mejor junto a Dios en la otra vida? ¿Cómo sabe que su piedad, quizá, no le está haciendo una faena al niño?
Porque, si esta vida es todo lo que hay, Steven Bartlett (que es un gran tipo y parece que debe tener un muy buen corazón) tiene razón y no salvar al niño es un horror. Pero si esta vida no es la única que hay y resulta que la otra es infinitamente mejor…
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FUERZA Y PAZ
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