El resentimiento y el odio hacia los demás lleva al auto-resentimiento y al odio hacia uno mismo.
Todos hemos cometido errores o hecho daño a alguien alguna vez y todos hemos querido ser perdonados por ello. Si nosotros no perdonamos caemos en una injusticia moral. Y la felicidad es inalcanzable para la persona que no atiende una buena ética y moral.
Eres un modelo de conducta para las personas que te quieren y quieres. Siempre estamos enseñando algo a los demás.
Al final, el rencor y el odio dañan más al que lo tiene dentro que al objeto del mismo.
La vida es corta y pasa rápido, ¿Qué sentido tiene pasarla conservando una rabia que podría liberarse a través del perdón?
Sin perdón no hay paz interior y sin paz interior no hay felicidad. Es decir, sin perdón (o con rencor y resentimiento dentro) la felicidad no puede llegar.
Sin perdón el pasado no puede trascenderse. Y sin esto, no se puede seguir adelante.
El perdón deshace todo victimismo. Mientras tenga algo por perdonar, tendré algo por lo que sentirme como una víctima.
El perdón no es sólo un favor que le haces al otro. Sobre todo es uno que te haces a ti mismo.
Si no perdonamos le damos razones a la persona que nos ha ofendido para seguir siendo como es pues ésta pensará: «míralo, sabe odiar igual que yo porque en el fondo es como yo».
BONUS PARA CRISTIANOS: Porque Dios nos lo pide y porque él nos dio el ejemplo. Y Esteban también, dándonos uno de los ejemplos más increíbles de la historia.
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